
Han sido días de exceso de información, de aspectos tan novedosos sobre cuál es el papel que cumple uno en el mundo, y más próximo, en el entorno cercano que todo resulta abrumante.
Jamás había escuchado la nacimiento de la violencia como la leí en la biblia hace unas semanas atrás.
Es la historia de Caín, el primer magnate criminalista de la historia de la humanidad. Creo que todos saben lo que hizo Caín y cómo le afectó en la posteridad.
Aquí veo reflejada en parte la naturaleza humana. Primero, el hombre mira al lado, a Abel, quien se dedicaba a trabajar con animales; no podía soportar la presencia de su hermano. Quizás no quería compartir la manutención de la creación divina.
Caín comienza a corromporse internamente con un corazón deshecho en amargura e ira, lo cual lo lleva a tomar drásticas y trágicas decisiones. Abel cae muerto.
Y Caín que está fuera de sí. Pero es muy tarde para volver atrás; para él arrepentirse no es opción, simplemente le queda tomar un rumbo, un camino alternativo. El este.
¿Cómo sigue la historia?
Construcción de ciudades.
Caín cae en un hoyo demasiado profundo, primero por la corrupción interna del corazón y posteriormente por su escalada de decisiones equívocas que iban en concordancia con el estado errante en el cual se encontraba.
Caín cae en el aislamiento. Claro, la biblia dice que se unió a una mujer y engendró hijos, sin embargo, este hombre se aisló del plan de Dios al darle curso a la violencia en el mundo.
Y de ahí en más la escalada ha sido progresiva. Caín es exiliado del edén y comienza a construir su fortaleza, una ciudad, para instalarse allí, es decir, no hay regreso a la tierra de Dios. Ese es el precio del aislamiento constante, ¿no?
La TV nos muestra la cosecha de torbellino que comenzó un día con Caín y sus descendientes. La violencia cumple con un ciclo que hasta el día de hoy se mantiene, y según creo, va en aumento.
Y justamente, la violencia tiene consecuencias, y es Dios quien toma decisiones. En su justicia, Dios exilia a los hombres que ejercen violencia. Y más encima, la violencia es el mecanismo perfecto para ejercer control, osea, el poder de unos sobre otros.
Si tienes un bate de beísbol, ¿qué puedes hacer contra una escopeta o una uzi? Quien tiene el arma de fuego controla, se siente seguro, ya que tiene como defenderse (realmente atacar) y está en control de la situación.
Todo comenzó con un asesinato, una muerte. Injusta por lo demás, creo. La biblia dice que la sangre de Abel clama desde la tierra.
Desde hace un tiempo atrás, comprendo que la persona de Cristo ilumina toda la escritura, y ahora que pienso en estos pasajes me voy abriendo paso a una comprensión de Pura Gracia.
Como entendía, la violencia es un ciclo que tiene alcances globales, nace en el corazón del hombre por apartarse de Dios, genera consecuencias trágicas y posteriormente conduce al exilio de Dios y a la reproducción de más violencia por medio de personas que la ejercen.
La violencia nace como el alejamiento del plan y el corazón de Dios.
¿Cómo entra Cristo en la historia? En la manera en que muere.
Recibe toda la ira de Dios por medio de la violencia ejercida por el imperio de la época, el Romano. Era el precio que tenía que pagar.
Cristo al morir en la cruz absorbe el ciclo de la violencia y la deuda la cumple al ser molido y colgado en un madero.
Y en cierta forma se asocia con lo que la biblia dice con respecto a Abel.
"Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?
Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra."
Génesis 4: 9, 10
Dios oye la voz de la sangre de los caídos. Abel muere en circunstancias indeseadas. Sin embargo, Cristo, muriendo en la cruz, viene a responder al llamado de la sangre derramada por Abel.
Y por algo es el sacrificio perfecto, ya que la sangre de Cristo cumple con lo demandado por Dios, sacrificio perfecto y sangre pura, sin mancha.
Cristo recibe lo que se sembró aquel día en los pastos del Edén: violencia. Pero la victoria se encuentra en nuestra paz. Es la esencia de la palabra sacrificio. Más aún, responde a ese clamor realizado post mortem por Abel.
Eso es sencillamente hermoso.
Dios escucha el clamor de los oprimidos. En palabras... o por su sangre.
[Escrito sólo por Gracia]
Fuentes: Génesis 4 y algo de "Jesús quiere salvar a los cristianos"