24.10.11

El reino de los insuficientes

Había una vez un rey... que sigue siendo rey...

Querámoslo o no cada uno de nosotros pertenece a algo mayor. Muchos lo llaman realidad, otros lo comprenden mejor en base a una cultura, otros en base a un paradigma macro. Existen muchas formas de establecer diferenciaciones en nuestro mundo; algo así como cosmovisiones. Ahora, creo que nunca comprendí bien esto hasta hace un par de días atrás cuando puedo decir que he comenzado a comprender vagamente el concepto de Reino, más específicamente cuando hablo sobre el reino de Dios.
Muchos que lean la Biblia sabrán que el concepto de Reino se introduce hace miles de años pero quien lo cristalizó en la historia fue el propio Jesucristo. ''Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia...'' es un pasaje que muchos de nosotros usamos para enfocar nuestras vidas y para hacer una proclama de compromiso con Dios, lo cual me parece genial. Pero adentrándose en la esfera espiritual, el punto de vista de Dios es sinceramente tremendo.
En ciertas situaciones se pueden dar muchas vueltas pero en cuanto a Reino se trata se puede simplificar esto en un gobierno. El reino de Dios se refiere a un gobierno establecido por Dios que no pertenece a este mundo. Eso ya demarca una diferenciación brutal. Palabras simples.
Dios es omnipresente. Está en todas partes.
Dios es Dios de los cielos. Dios tiene su morada, por así decirlo, en los cielos, desde donde controla el universo sin faltar ni un sólo detalle de lo que se mueva o mute.
Dios tiene un Reino. Dios es Rey.
Dios decide establecer colaboradores en Su Reino.
Los colaboradores deciden tomar el camino del Reino de Dios o el Reino masivo.
El camino de Dios implica olvidarse de uno mismo un día tras otro.

Durante toda la historia de la humanidad, Dios ha querido establecer su Reino en la tierra. Todo parte con Adán y Eva, seres creados a imagen de Dios, luego continúa con el agravio esencial y lo que se conoce como La caída, y desde entonces... desde aquel día hasta hoy, 2011, Dios se encuentra trabajando en el establecimiento de Su Reino.
Lo que queda implícito es que existe otro reino. Un reino totalmente prometedor, donde uno es príncipe de lo que se venga en gana, y donde el servidor es uno y muchas veces el señor también es uno. Mi esfuerzo es para mí y los beneficios son personales, es decir, la autoridad, quien decide soy yo y el resultado del trabajo lo recibe uno. Como no queda muy clara la posición de rey, no hay un rey como tal. Cada uno se sirve a su antojo. No hay autoridad real. ¿El resultado más trágico? La mediocridad.
En el reino de Dios la situación es totalmente contraria; es una historia diferente que algunos encuentran absurda porque el Rey... es invisible. Más encima, murió y dice que vendrá. La única arma es la Fe. Pero el principal problema que tiene muchas personas no es lo invisible o el porvenir o la insuficiencia de argumentos... es la dificultad que tienen para someterse a una autoridad. Nadie quiere ser gobernado. Nadie. Desde muy pequeños tenemos una tendencia a tener nuestras reglas y hacer lo que queramos. Inclusive desde antes que seamos conscientes de nuestra propia existencia.
El Reino de Dios demanda, sin opción, a reconocer que Dios es quien gobierna y quien tiene el control de toda circunstancia que aparece en la vida.
Para algunos sencillamente el otro reino no es suficiente. Pueden ser años o décadas de búsqueda de sentido, conexión intrapersonal o meditación trascendental pero no se trata de uno mismo. Jamás se ha tratado de uno mismo. Algunos deciden vivir para arriba; la tierra y lo que el mundo ofrece simplemente no es suficiente y los cielos se convierten en la meta. El reino está arriba.

Aquellos que dicen vivir para Dios, amarlo, servir en una iglesia, dedicar tiempo en su obra, deben imperiosamente comenzar reconociendo que no viven para sí mismos, que no viven para sus amistades y los deleites que ello conlleva, que no viven para tener un buen status socio-económico que los lleve a depender más de las probabilidades que de la Fe. Aquellos que aman verdaderamente a Dios saben y viven como pequeños en un Reino espectacularmente más grande que todos. Ahora que lo escribo pareciera un cuento de fantasía, al más puro estilo de Tolkien o Lewis. Pero es la Biblia. Es la historia y la realidad del Reino de Dios.
Quiero vivir en ese reino que aún no veo, ni palpo con mis manos pero sé que pronto será más impresionante de lo que puedo soñar.
No hay reino como el de Dios...

''Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre...''
Daniel 2:44


20.10.11

La Justicia dividida por la Gracia

Mucho tiempo sin parar aquí. Seguramente el ritmo de vida y circunstancias diversas hacen que el tiempo parezca escurrirse. No tengo muy claro por qué hoy pasé aquí a dejar algo pero pasada la medianoche recuerdo algo super productivo que escuché en el trabajo esta semana.
En pleno tiempo de disputas, conflictos interpersonales y laborales, una experimentada profesora decide conversar conmigo (no revelaré identidades ni el marco comprensivo de la conversación; el propósito no es ese) donde me explica, sin querer hacerlo, la importancia que tiene la disposición a hacer bien algo cuando realmente las posibilidades personales no alcanzan una justicia por medio de la lógica.
La justicia tiene su logica. Te pegan, tú pegas de vuelta. Punto; conflicto solucionado. Y justifiquemos con la comprensión de la siembra y la cosecha y tenemos motivo suficiente para vivir en esa ley casi natural. Eso visto desde un sentido horizontal, osea, compañero de trabajo golpea (pongamos golpea emocionalmente para no ser tan dramático) a un compañero de trabajo; éste a su vez le pega 'emocionalmente' de vuelta. Se hace justicia. Verticalmente la situación cambia un tanto, ya que jefe daña a un subordinado y el subordinado no tiene cómo devolver 'el favor'. Situación compleja. ¿Alguna resolución simple e irracional a esto? Me desquito con mis pares o quienes están subordinados a mí, en el contexto, a los alumnos. Para uno, se habla de justicia, y puede sonar hasta comprensible, pero no justificable, en ningún caso.
Lo que esta estimada profesora me quiso decir que es muchas veces uno no está en control de las circunstancias adversas que uno enfrenta en la vida. Un mal día, levantarse con el pie izquierdo, caer en un charco de barro, que un auto justo pase por el borde de la solera y la noche antes llovió y uno justo estaba esperando tomar micro para llegar al trabajo, en fin, situaciones que se escapan del conocimiento previo y control personal. Todo eso desestabiliza y, a muchos, condiciona su estado de ánimo y contentamiento individual. No obstante, lo importante no es cómo expresar mi rabia o descontento por sentirme menoscavado; lo importante no es 'hacer justicia' en base a cómo yo me siento. Lo importante es hacer justicia con cómo se siente o se sentiría la otra persona. De eso se trata la Gracia.
¿Por qué digo esto?
Por lo siguiente:

''Uno muchas veces no es responsable de la cara que tiene... Yo no soy responsable de la cara que tengo, sea lo que sea que haya pasado con los profesores pero si soy responsable de la cara que pongo delante de mis alumnos''

Si tuviera que definir la misericordia usaría un ejemplo como este. La ley del Talión se arrodillaría delante de la muestra de gracia y consideración hacia quienes no tienen responsabilidad ante las circunstancias indeseadas de las personas. Por muy fea o difícil o injusta que sea una situación, el pensamiento veloz, la impresión corre por cuenta de la victimización. Yo, yo, yo. Hacer justicia muchas veces suena coherente, hasta lo correcto. No obstante, en diferentes ámbitos eso no le corresponde a uno, le corresponde a Dios, lo cual también corresponde a su promesa de justicia no terrenal muchas veces, sino espiritual, interna, mucho más profunda.
Eso es entrega. El testimonio que acaban de leer representa que por sobre la justicia está la Gracia. Eso alegra el corazón y da esperanza para una sociedad que lo único por lo que babea es la justicia, olvidándose de la entrega no merecida de unos a otros. ¿Acaso no fue eso lo que hizo Cristo en la cruz? Mejor aprender de El. Mientras algunos aprenden de El, van destellando luz y marcan algo no en la memoria a corto ni largo plazo, sino en pleno corazón.

PD: Profesores, gracias por su dedicación. Muchos no saben lo valioso que es. Pero nunca olviden que lo que los alumnos olvidarán serán los contenidos de sus clases y lo que no olvidarán será la Gracia que uds. mostraron con ellos durante muchos meses o años.
Una palabra: Continúen.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
Gálatas 6:9