El reino de los insuficientes
Había una vez un rey... que sigue siendo rey...
Querámoslo o no cada uno de nosotros pertenece a algo mayor. Muchos lo llaman realidad, otros lo comprenden mejor en base a una cultura, otros en base a un paradigma macro. Existen muchas formas de establecer diferenciaciones en nuestro mundo; algo así como cosmovisiones. Ahora, creo que nunca comprendí bien esto hasta hace un par de días atrás cuando puedo decir que he comenzado a comprender vagamente el concepto de Reino, más específicamente cuando hablo sobre el reino de Dios.
Muchos que lean la Biblia sabrán que el concepto de Reino se introduce hace miles de años pero quien lo cristalizó en la historia fue el propio Jesucristo. ''Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia...'' es un pasaje que muchos de nosotros usamos para enfocar nuestras vidas y para hacer una proclama de compromiso con Dios, lo cual me parece genial. Pero adentrándose en la esfera espiritual, el punto de vista de Dios es sinceramente tremendo.
En ciertas situaciones se pueden dar muchas vueltas pero en cuanto a Reino se trata se puede simplificar esto en un gobierno. El reino de Dios se refiere a un gobierno establecido por Dios que no pertenece a este mundo. Eso ya demarca una diferenciación brutal. Palabras simples.
Dios es omnipresente. Está en todas partes.
Dios es Dios de los cielos. Dios tiene su morada, por así decirlo, en los cielos, desde donde controla el universo sin faltar ni un sólo detalle de lo que se mueva o mute.
Dios tiene un Reino. Dios es Rey.
Dios decide establecer colaboradores en Su Reino.
Los colaboradores deciden tomar el camino del Reino de Dios o el Reino masivo.
El camino de Dios implica olvidarse de uno mismo un día tras otro.
Durante toda la historia de la humanidad, Dios ha querido establecer su Reino en la tierra. Todo parte con Adán y Eva, seres creados a imagen de Dios, luego continúa con el agravio esencial y lo que se conoce como La caída, y desde entonces... desde aquel día hasta hoy, 2011, Dios se encuentra trabajando en el establecimiento de Su Reino.
Lo que queda implícito es que existe otro reino. Un reino totalmente prometedor, donde uno es príncipe de lo que se venga en gana, y donde el servidor es uno y muchas veces el señor también es uno. Mi esfuerzo es para mí y los beneficios son personales, es decir, la autoridad, quien decide soy yo y el resultado del trabajo lo recibe uno. Como no queda muy clara la posición de rey, no hay un rey como tal. Cada uno se sirve a su antojo. No hay autoridad real. ¿El resultado más trágico? La mediocridad.
En el reino de Dios la situación es totalmente contraria; es una historia diferente que algunos encuentran absurda porque el Rey... es invisible. Más encima, murió y dice que vendrá. La única arma es la Fe. Pero el principal problema que tiene muchas personas no es lo invisible o el porvenir o la insuficiencia de argumentos... es la dificultad que tienen para someterse a una autoridad. Nadie quiere ser gobernado. Nadie. Desde muy pequeños tenemos una tendencia a tener nuestras reglas y hacer lo que queramos. Inclusive desde antes que seamos conscientes de nuestra propia existencia.
El Reino de Dios demanda, sin opción, a reconocer que Dios es quien gobierna y quien tiene el control de toda circunstancia que aparece en la vida.
Para algunos sencillamente el otro reino no es suficiente. Pueden ser años o décadas de búsqueda de sentido, conexión intrapersonal o meditación trascendental pero no se trata de uno mismo. Jamás se ha tratado de uno mismo. Algunos deciden vivir para arriba; la tierra y lo que el mundo ofrece simplemente no es suficiente y los cielos se convierten en la meta. El reino está arriba.
Aquellos que dicen vivir para Dios, amarlo, servir en una iglesia, dedicar tiempo en su obra, deben imperiosamente comenzar reconociendo que no viven para sí mismos, que no viven para sus amistades y los deleites que ello conlleva, que no viven para tener un buen status socio-económico que los lleve a depender más de las probabilidades que de la Fe. Aquellos que aman verdaderamente a Dios saben y viven como pequeños en un Reino espectacularmente más grande que todos. Ahora que lo escribo pareciera un cuento de fantasía, al más puro estilo de Tolkien o Lewis. Pero es la Biblia. Es la historia y la realidad del Reino de Dios.
Quiero vivir en ese reino que aún no veo, ni palpo con mis manos pero sé que pronto será más impresionante de lo que puedo soñar.
No hay reino como el de Dios...
''Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre...''
Daniel 2:44
"Pero el principal problema que tiene muchas personas no es lo invisible o el porvenir o la insuficiencia de argumentos... es la dificultad que tienen para someterse a una autoridad."
ResponderEliminarwow
...
y que risa me da el final, pensé en lo mismo (Tolkien o Lewis) jjaja.
Buenísimo, esa frase que pusiste (la que dejé entrecomillas) define lo que hoy andaba buscando poner en un estado.
Gracias!