19.5.10

Casi gloriosos (Parte I)


No sé por qué creo que no valdría la pena escribir sobre cualquier tema porque alguien, en alguna parte del mundo, en algún punto de la línea del tiempo quizás lo escribió mejor de lo que uno puede hacer con su esfuerzo.
Pero no se trata de esfuerzo ni de competitividad.

El otro día me contaron que sería interesante ir a echar una mirada al cementerio. Hecho divertido, pensé, porque usualmente uno va al cementerio porque debe ir, o bien a acompañar el entierro de algún ser querido o para visitar la tumba de alguien en alguna fecha simbólica.
Me lo propusé y fui.
Creo que algunas expectativas pudieron haber influido en la visita, ya que no saqué nada. El cementerio no es lugar para los vivos, para los que aún respiran. Por el contrario, es un lugar muerto, excepto por las flores.
¡Tantas historias bajo tierra! Jamás creí llegar a una inspiración mística con el "otro mundo" mientras estuve allí. Me dí unas vueltas, busqué una tumba en especial pero no la encontré.
Había una banca blanca desteñida en el centro del parque. Nada especial.
15 minutos de aburrimiento bastaron para darme cuenta que echaba de menos un lugar con movimiento. Pero antes de largarme de ahí, me senté un rato e intenté reflexionar.
(Había que darle alguna funcionalidad a la visita, ¿no?)
No me pareció nada atractivo, pero sí algo que no recordaba haber visto: Una tumba sin nombre.
Wow! me dije. "A esta persona no la habrán querido mucho" ó "Quizás que habrá hecho para que su tumba no tenga audiencia" pensé. Algo más; no tenía flores ni nombre.
Sentí entre lástima y pena por esa tumba. Es fácil de identificar porque no tiene nada.
Era nada más que un trozo de concreto encima de tierra.
Cual epifanía en la Tierra Media, miré la hora y me llegó un tejazo de optimidad. No tenía tiempo, me dije, tal como este hombre imposible de identificar. Se nos acabó el tiempo a ambos.
Algo obvio pero no muy palpable en ese instante era el tiempo. ¿Qué vale el tiempo para alguien que no tiene vida? Es algo meramente terrenal.
En eso, me voy retirando del lugar cuando me proyecté ante una muerte de algún familiar o ser querido. ¿Tendría que traer flores para acompañar el traslado bajo tierra del cuerpo? Creo que sí. Al menos por la convención social, no sé si por realmente llegar a conocer el significado de dejar flores a un finado. Sí, dejaría, y creo que dejaré flores, si antes no me las vienen a dejar a mí, nunca se sabe.
¿Querrían los muertos que les fueran a dejar flores? Pregunta sumamente improbable hasta la médula de la estupidez. ¿De qué sirve? ¿Será por algo meramente estético? Tendrá que haber historia al respecto, contexto cultural, etcétera.
Preferí enfocarme en otra cosa. Pensé: "¿No será mejor regalar flores en vida?" Al menos la persona podrá recibirlas con sus manos. Mi primera vez para el día de la madre que lo hice.
Fue toda una revolución para este tecleador... Y fue genial.
Mejor regalar algo que se pueda recibir. Las flores muchas veces se gastan en algo que tiene no futuro, sino en recuerdos y muchas veces dolorosos, acabando en el tacho de la basura. ¿No será mejor aprovechar la belleza creada por Dios en algo vivo que puede llegar a impactar el día completo de una persona?
Pensé: "No puedo ir a dejarle flores a mi madre en el futuro sin antes haberle regalado un ramo de éstas en vida"
Allá en el cementerio no hay vida, ni movimiento, ni tiempo y a veces ni nombres. Tan solo ví flores. No estoy diciendo que no debieran haber flores en las tumbas, pero quizás debería haber menos flores allí y más en las manos de los que aún viven. Nos queda tiempo para eso.

Santé!

1 comentario:

  1. Para hombres y mujeres que viven pienso que siempre hay algo por observar que produzca un aprender. Y esta no debía la excepción.

    Llegaste a un punto interesante; pienso lo mismo con respecto a las flores, aunque casi ni regalo, pero para mí es más importante el cariño a la persona que la consolación a los que extrañan la persona, y suena raro, pero ¿qué mejor si se disfrutan a ambos grupos de la mejor forma? ... aunque como dice mi mamá las flores son para los que lloran al fallecido.
    Y bueno... por ahí dice El libro importante, llorar con los que lloran.
    Guau... me fui en la profunda...ajaja!!

    Cómo que no habías sacado nada de esa extraña visita?!

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