¿Qué pasa cuando Dios te lleva a un lugar nuevo? ¿Cuáles son los temores que vienen a la mente y corazón?
Hace unas semanas leí sobre esto en el libro de éxodo y hasta el día de hoy me sigue marcando, rezumbando en el oído...
La historia cuenta que los israelitas estaban como esclavos en Egipto. De la nada, Dios decide tomar parte en esto por medio de un atolondrado hombre llamado Moisés, total inexperto en el arte del liderazgo y la comunicación. De alguna forma, desde ya milagrosa, Dios actúa por medio de esta persona llevándolo a los pies de Faraón para decirle que deje libre a su pueblo... porque Yo Soy lo envió.
Contra toda lógica.
Continúa la historia con la llegada de plagas, muerte de primogénitos y alrededor de 2 millones de personas corriendo por sus vidas. Al momento de salir de Egipto, Dios decide actuar de otra forma a cómo ellos hubieran querido. Les cambia el recorrido.
Éxodo 14 cuenta cómo Moisés y el pueblo de Israel iban corriendo en una dirección y Dios les dice que den la vuelta y acampen junto al mar. Voluntad de Dios pura.
Lo terrible era que la zona donde acamparían, baal-zefón, era una zona estratégicamente desastrosa para personas en pleno éxodo masivo. Dios, prácticamente, hace retroceder a su pueblo la mayor parte de lo que habían avanzado para quedarse frente al mar.
Se cuenta que baal-zefón era como un callejón sin salida. Al norte estaba Egipto y un ejército con ansias de derramar sangre. Al sur estaba había un desierto. Si se iban por allí, morirían comiendo arena. Al oeste estaba la tierra de Gosén, algo así como la otrora tierra judía, donde serían fácilmente identificados y reducidos a polvo. Y al este estaba el mar... el mar Rojo.
Contra toda lógica y en un callejón sin salida.
Los israelitas se dan cuenta que están entre la espada y la pared con un ejército numeroso pisándoles los talones. ¿Cuál fue su respuesta? Temor. Y la otra respuesta fue el clamor.
Temor que llevó a algo más, a la esencia de la dependencia, cuando realmente sentían que estaban atrapados, y no por decisión suya, sino por obedecer lo que Dios había dicho.
Contra toda lógica. Aparentemente.
Ese temor se expresó con queja, conformismo y considerando que sería buena opción volver a esclavitud, o mejor nunca haber salido de donde estaban porque si los egipcios los encontraban probablemente los acribillarían en un santiamén. Pensaron que mejor hubiera sido no realizar el éxodo; mejor hubiera sido no conocer a Moisés; mejor hubiera sido no escuchar a Dios para verlos morir en una tierra que ni siquiera era la suya.
Pero no es bueno quejarse cuando estás en la mitad de la historia; cuando apenas ves una parte del cuadro completo.
Y es aquí cuando digo: ''Wow. Dios sabe lo que hace''
Dios escucha el clamor de los suyos y utiliza al que los iba a libertar en unos instantes más, quien les dice 4 cosas:
No teman
Estén firmes
Vean la salvación que Jehová hará con nosotros
Nunca más volverán a esclavitud
(14:14)
Una ley.
Lo primero que Dios quiere ver en uno cuando se está en una situación así es no temer. Esto es un principio que salió de labios de Jesús también, si mal no recuerdo. Es casi como una caída libre de fe.
Después, viene el principio de aferrarse, de tomarle la mano a Dios muy fuertemente.
Dos cosas que una persona tiene que hacer. Una vez que esto está claro, vendrá el espectáculo milagroso. Admirar y quedar embobado con lo que Dios hará.
Finalmente, una promesa... nunca más volverán atrás.
Primero, creer.
Segundo, esperar.
Tercero, ver.
Cuarto, agradecer.
El milagro.
Dios abre un camino en medio del mar en pleno callejón sin salida y los israelitas pasan en seco y comienzan una nueva vida, no libre de problemas, pero llenos de esperanza.
Cuando Dios te lleva a un callejón sin salida, donde no hay posibilidad de volver atrás, entonces es altamente probable que vengan reacciones de temor. El asunto no es la respuesta natural de temor, sino qué resolvemos hacer. ¿No temer? ¿Creer? ¿Estar firmes? Nuevamente, eso no tiene lógica. La lógica sería la desesperación y un escape visceral viendo mis posibilidades concretas.
Me suena a una evasión de la realidad la petición de no temer. Pero la única forma de pasar por sobre eso es creyendo, tomando la mano a Dios. Pura fe.
Dios te lleva a un lugar nuevo, un callejón sin salida, para que experimentes algo superior y totalmente ilógico, algo así como un milagro, un camino en medio del mar.
Dios es Fiel
Si, un milagro. O al revés, lo que sucedería naturalmente si no hubiera pecado.
ResponderEliminarMás fácil, pura obra de Dios.