7.4.11

Por una vida que hable más fuerte que las palabras


Recuerdo la primera vez que supe la historia de Christopher McCandless y los detalles de su travesía por las gélidas tierras americanas en Alaska. Era 2007. Pocos pueden quedar indiferentes a la vida del joven intelectual que marchó desde el sur del Oeste Estadounidense hasta las montañas del Norte, cerca de Canadá. Yo no fui la excepción.
Me llenó el ímpetu, el valor, coraje y determinación que tuvo McCandless para realizar su epopeya, siguiendo sus anhelos, mezcla entre sueño y realidad pero todo enmarcado en la naturaleza de la Creación. Muchos que han visto la película o han leído el libro adquieran cierta admiración por la historia. Algunas adoptan fotografías de este héroe post-moderno o incorporan frases a sus perfiles de diferentes redes sociales.
En cuanto conocí la historia, me absorvió lo que había visto. Sentí una identificación ilusoria con lo que había sido la vida de McCandlees debido a que fue alguien que pudo vivir de acuerdo a sus ideales, saltándose los contratos sociales y los estilos de vida pre-fabricados. Y se entiende por el modelo norteamericano.
Lo sentí como un mártir por el legado que había dejado y por cómo pudo ''seguir viviendo'' a pesar de haber terminado sus días sufriendo en la parte trasera de un congelado bus en plena soledad.
Tiene razón de ser admirado. No cualquiera es tan valiente para hacer lo que sea con tal de vivir sus sueños, a pesar del peso de los moldes y las expectativas de los demás. Corrió el riesgo y terminó bebiendo la pulpa amarga de sus determinaciones.
A casi 4 años de conocer esta historia, profundizando en los detalles, se abre una hilacha de los motivos de tomar decisiones tan arriesgadas. Lo peligroso no eran los riesgos sino más bien las implicancias. ¿Valía la pena un desarrollo tan fenomenal para acabar muriendo con los ideales en las manos? McCandless pasó por una infancia muy dolorosa, donde tuve que verse enfrentado a los conflictos de sus padres, siendo testigo del las desilusiones mutuas entre papá y mamá. Poco a poco esa exposición fue marcando una siembra de desilusión y amargura en el corazón. Años de silenciosa frustración al vivir con personas que llevaban vidas en mentiras influyó de tal manera en el joven que ayudó a formar una personalidad que se apoyaba en la curiosidad perfeccionista y la fascinación con el conocimiento. El intelecto hiper-desarrollado fue menoscavando la nutrición emocional de McCandless. Sabemos, por la literatura y la cinematografía, que el joven era un aventurero, entregado a la vida, pero cabe cuestionarse cuánto de eso fue motivado por factores primarios familiares que fueron marcando esta vida.
McCandless era libre. Creo que esa es la sensación que muchos de los espectadores admiramos y al mismo tiempo envidiamos. Nos gusta proyectarnos en la vida de alguien que pudo vivir de acuerdo a sus sueños y deseos más profundos. Sin embargo, este personaje muere en soledad no dejando huellas importantes y aprendizajes para apreciar. Creo que las mayores enseñanzas de McCandless las dejó en el tiempo cuando estaba pasando sus peores momentos. La naturaleza, su supuesto hábitat, terminó por socavarlo, llevándolo a sepultura. Quizás hoy no nacemos para vivir en la naturaleza. Quizás es demasiado para nosotros como para soportar.
Los últimos gritos de McCandlees al cielo fueron pensando en sus padres, anhelando un regreso que solamente ocurrió en su último sueño. Aprendió a valorar aquello que había dejado pero anteriormente lo había alejado a él de sí mismo.
Toda esta historia también se podría leer como sigue: Un joven intrépido, soñador, guiado por sus ideales muere en solitario en Alaska motivado por un ímpetu de explorador inmaduro. Increíble es el hecho de la admiración que muchas personas pueden sentir por McCandlees, sin embargo no llegamos al punto de apasionarnos por él. Creo que eso es lo que faltó aquí. Un hombre se apasionó por sus sueños por sobre las personas que tenía a su alrededor. Una hermana fiel acompañando el viaje en su corazón pero él no estaba allí para escuchar su voz.
A pesar de que algunos puedan hallar a este hombre como alguien estúpido que murió por la nada, creo que refleja mucho acerca de nuestro contexto actual: la fascinación por la soledad, el imperio de la admiración en base a personajes que basan sus proezas en soledad, nacimientos de fantasías egoístas y quizás más ideas. Pero no creo eso en sí de McCandlees por su originalidad. Su opera prima le costó la vida. Pero dejó algo para hablar, tanto de sus sueños como de sus errores.
¿Cómo lo veo yo?
Nunca ames más tus sueños de lo que amas a las personas que más te aman. A pesar de que existan heridas, el perdón aparece en escena y junta los pedazos de la historia para crear algo mejor.

[Dios es Fiel. Siempre]

1 comentario:

  1. "Nunca ames más tus sueños de lo que amas a las personas que más te aman."
    Es admirable que una persona persiga sus sueños, pero creo que llega a ser repudiable que una persona los ponga sobre todo de manera egoista, yo aplaudo mas a la gente que posterga sus sueños por a mor a Dios y a las personas q le aman...

    buena entrada amigo!

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